Igualdad con perspectiva de género.

El pasado 8 de Octubre la Junta de Andalucía publicaba su nueva ley para la promoción de la Igualdad de Género, en la que establecía las directrices de actuación de todos los poderes públicos para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

Una de las primeras medidas a realizar en favor de tan ansiada igualdad resultó ser la redifinición de los conceptos acoso sexual y acoso por razón de sexo respecto a la anterior Ley de 2007, de forma que lo que antes aludía a “personas” ahora queda redactado tal que así: “Se entiende por acoso sexual el comportamiento de tipo verbal, no verbal o físico de índole sexual realizado por el hombre contra la mujer”

Y es que la Ley de Igualdad andaluza no solo redefine un término, sino que supone toda una batería de 80 páginas de medidas dedicadas a analizar la situación de ambos sexos, pero de proteger y ayudar solo a uno: así por ejemplo obliga a realizar estadísticas desglosadas por sexos de accidentes laborales (95% muertes masculinas), pero solamente analizarán riesgos que puedan afectar a la mujer; o establecerá el derecho preferente a vivienda de mujeres en exclusión social, sin siquiera mencionar la posibilidad de que un hombre pueda encontrarse en una situación similar (80% de sinhogarismo masculino).

Puede ser complicado entender que un avance progresista a favor de la igualdad entre hombres y mujeres consista en excluir a un sexo de la protección frente a un delito como sería el acoso sexual.
De la misma manera puede resultarnos chocante que una ley de Igualdad consista en acotar una buena cantidad de derechos y ayudas no solo a las personas que lo necesiten, sino a las personas que lo necesiten y además sean del sexo apropiado… o al menos puede resultar chocante para la mente anticuada de un treintañero educado en una EGB en la que conoció una idea retrógrada y machista de igualdad, una igualdad en la que había que tratar a todo el mundo por igual, donde no había que comprobar qué clase de genitales tenía una persona antes de prestarle ayuda: una igualdad sin perspectiva de género.

La búsqueda de la igualdad ya no funciona así, la igualdad que hoy perseguimos es una igualdad con perspectiva de género: los sesgos de género que todos arrastramos ya no tienen cabida, mas para acabar con los sesgos de género no podemos simplemente dejar de utilizarlos, no basta establecer medidas para evitar todo tipo de discriminación; es necesario establecer sesgos favorables a un grupo para compensar la discriminación histórica y estructural de dicho grupo.
Así es como la Ley de Igualdad de Andalucía es capaz de prohibir cualquier sesgo de género a la vez que establece los sesgos de género como medio para alcanzar la igualdad.

De esta manera tan original queda establecido que cualquier discriminación laboral que pudiera perjudicar a un hombre siempre podrá ser justificada en nombre de la igualdad, pues quienes sufren discriminación estructural son las mujeres y, por tanto, nunca está de más discriminar a algún hombre para alcanzar un estado de verdadera igualdad.

La perspectiva de género dicta que ellos no pueden ser discriminados, pues quien ostenta la hegemonía es inmune a la discriminación. Y es que la perspectiva de género sitúa la discriminación hacia el hombre en el mismo lugar que las naves interestelares y los bosques de hadas, el terreno de la fantasía y lo imposible.
Da igual que un hombre se vea en la calle porque le deniegan un albergue por ser hombre, no importa que pierda el contacto con sus hijos durante años por ser hombre, es irrelevante hasta que muera agazapado en una trinchera por ser hombre. Es imposible que sea discriminado alguien que pertenece al grupo opresor.
Y como los hombres no pueden ser discriminados, hay vía libre para insultarlos, menospreciarlos y deshumanizarlos.
Al fin y al cabo, es hasta necesario, para alcanzar la igualdad no solo hay que empoderar a la mujer, también hay que menospreciar al hombre.

Ya la Ley Integral contra la Violencia de Género establecía este tipo de “igualdad” al entender que cualquier relación sentimental entre hombre y mujer se circunscribe a una situación de dominación de los hombres sobre las mujeres y otorgaba un poder legal extraordinario a la mujer para compensar dicha situación, todo ello sin tener en cuenta en qué lugar deja esta ley a un hombre que viva según unos principios igualitarios pero dé con una mujer dominante capaz de utilizar ese poder legal extraordinario para subyugar a su pareja. Esa situación simplemente no se contempla, no existe.

Hoy encontramos ejemplos de igualdad con perspectiva de género en todo tipo de ámbitos, como el decálogo de CCOO para una escuela feminista, estudios sobre el soterramiento de la M-30, o las unidades de género encargadas de “cambiar la forma de pensar” de todos los funcionarios de Madrid.

La apertura al diálogo ante otras interpretaciones de la realidad es nula, tampoco se prevé ninguna oposición.

Los anticuados que aún creemos en una igualdad sin perspectiva de género tenemos que entender la gravedad de que supone a las mujeres la contaminación acústica de la M-30, que los semáforos son sexistas porque no tienen en cuenta el tiempo que tardan las mujeres en cruzar la calle, o que autores machistas como Neruda deben ser eliminados en favor de una sociedad ideal.
Cualquier discrepancia se soluciona con más cursos de género o con más lecturas de autoras feministas, pues ellas son las expertas en lo que es y no es la igualdad.

Ese fue y continúa siendo uno de los grandes logros del feminismo actual, redefinir la igualdad.
Muchos creímos que el movimiento feminista luchaba por la igualdad erradicando desigualdades sociales, pero su lucha no resultó ser tal, su lucha era por la palabra “igualdad”, por la autoridad para definir lo que es y no es igualdad.

La RAE define el feminismo como el principio mismo de igualdad de derechos entre hombre y mujer.
Quienes ostenten el poder dentro de la ideología podrán decidir qué es igualdad y qué no lo es, tendrán vía libre para llamar igualdad a lo que hasta entonces era desigualdad.
Nadie podrá decir que están equivocados, pues la igualdad son ellos.

¿Y quién va a estar en contra de la igualdad? ¿quién se opondría a imponerla a todo nivel social y en todos los órdenes de nuestra vida?
Tal vez algún machista retrógrado como el que escribe, tal vez algunos anticuados más, puede que seamos incluso un puñado de miles…  nada comparable a quienes la apoyan.
Cientos de millones de personas en todo el mundo dispuestas a salir a la calle para reivindicar este nuevo tipo de igualdad, la igualdad con perspectiva de género

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Esta nueva igualdad ha venido para quedarse, y tendremos que aprender a vivir con ella.
Los que aún creemos en una igualdad sin perspectiva de género debemos entender que el mundo ya no es así y solo unos pocos buscamos eso, ayudémonos y apoyémonos entre nosotros.
Pero sabed que no representamos ninguna oposición, solo somos una pequeña resistencia.

   Fdo: Francisco López, tesorero de Genmad

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