Mujeres fuertes, hombres frágiles: crónica de una realidad.

 

Por Cuca y Paz Velasco.

Como ya lo anunciamos en su día, el pasado 28 de marzo, fuimos invitados al evento Mujeres fuertes, hombres frágiles, creado por Euromind (foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo creado por la europarlamentaria Teresa Giménez Barbat).

En este evento se abordó la preocupación por un porvenir igualitario y por el futuro de los niños y contó con tres grandes invitados:

  • Susan Pinker: psicóloga del desarrollo canadiense. Escribe sobre temas de ciencia social. Estudió en las universidades de McGill y Waterloo. Durante más de 25 años se ha dedicado a la práctica clínica y a la enseñanza de la psicología. Entre sus publicaciones, destaca el libro La paradoja sexual, en el que lleva a cabo un análisis sobre cómo y por qué las diferencias de género influyen en las elecciones profesionales y en la ambición personal, ofreciendo una nueva visión de las diferencias entre mujeres y hombres, al tiempo que responde a cuestiones tales como ¿son los hombres el sexo débil? ¿Cuál de los dos géneros es más feliz en el trabajo? 
  • Elseine Hoekzema: investigadora postdoctoral en la unidad de Psicología del Desarrollo y Educación del Instituto de Psicología de la universidad de Leyden. Ha estudiado el cerebro de las mujeres durante la gestación, y ha recogido evidencias sólidas de que el cerebro de la mujer experimenta numerosos cambios que preparan a la futura madre para la situación de traer al mundo a un ser vivo.
  • Rob Whitley: investigador principal del Grupo de Investigación e Interés sobre psiquiatría social (SPRING en sus siglas en inglés) en el Douglas Hospital Research Center. Es profesor asistente en el departamento de psiquiatría de la universidad McGill (Canadá). Con más de 100 trabajos en el campo de la psiquiatría social, sus dos principales temas de investigación son la recuperación y el estigma. Su investigación muestra la importancia de factores como el empleo remunerado, vivienda segura, religión/espiritualidad y las relaciones sociales gratificantes en la mejora de la recuperación de una enfermedad mental severa. También muestra los efectos devastadores del estigma.

No hay que ser un experto para saber que mujeres y hombres no son iguales, que hay diferencias biológicas y psicológicas que se aprecian socialmente y que se debaten en espacios sociales y políticos sin mucho éxito.

La primera de las ponentes, Susan Pinker, inició su exposición compartiendo lo que ella considera la cuestión de género: ¿las mujeres son versiones de los hombres? ¿Quieren lo mismo que los hombres? ¿Lo masculino es un buen modelo para lo femenino? A lo largo de su amplia experiencia como psicóloga se ha encontrado con lo que denomina la paradoja sexual, es decir, con niños más frágiles y niñas “robustas” que rutinariamente aventajan a estos en cuestiones como por ejemplo la comprensión lectora o la denominada ventaja social (desarrollo de la empatía). Pero al superar la adolescencia, muchos de esos niños frágiles salen adelante llegando a la cima profesional, mientras que esas niñas tienden a elegir profesiones más humanitarias, con mayor flexibilidad y autonomía. Pinker encuentra la respuesta en el conjunto de factores biopsicológicos y no tanto en los propios estereotipos sociales (discriminación y opresión), lo que explicaría las diferencias genuinas de sexo que se resisten a cambiar, más aún cuando se imponen políticas igualitarias. Explicaba cómo los niños son más propensos que las niñas a tener disfunciones (trastornos del desarrollo), como el trastorno de déficit de atención (2 niños por cada niña), los problemas de lenguaje (4 niños por cada niña) o el síndrome autista (8 niños por cada niña). Posteriormente, los niños cuando son hombres adultos tienden a presentar más enfermedades crónicas e infecciones, a sufrir lesiones de la columna vertebral (8 hombres por cada mujer), muerte laboral (9 hombres por cada mujer) o suicidios (4 hombres por cada mujer), que se traduce en una menor esperanza de vida (78 años los hombres, 83 años las mujeres). Mientras, las niñas, que son más disciplinadas y con mayor capacidad lectora y de escritura, al llegar a la etapa adulta adelantan a los hombres en la universidad (desde 1970 las mujeres universitarias han aumentado un 320%). Después son mujeres que profesionalmente priorizan su lado social, aunque suponga menor sueldo (en las ONGs constituyen el 75% de los empleados y en el voluntariado cerca del 90%), estudian carreras de enfoque humanista, priorizando su significado social sobre el poder o el dinero, prefiriendo trabajar con personas. Dándose la paradoja de género, es decir, a menor sueldo mayor felicidad. Todo ello apoyado en décadas de estudios donde se ha evidenciado que las hormonas prenatales, las diferencias genómicas y cerebrales, la mayor variabilidad en las mujeres y las estructuras sociales han dado lugar a las diferencias sexuales que se traducen a su vez en diferencias en los hemisferios, diferencias en la materia gris y diferencias en los procesos emocionales. Concluía Susan Pinker que para ella el respeto por una verdadera igualdad social pasa por el respeto por las decisiones libres de las mujeres.

A continuación, Elseline Hoekzema abordó una etapa vital de la mujer: la maternidad como diferencia de sexo por excelencia. Habló sobre los cambios duraderos que el embarazo causa en el cuerpo de las mujeres, constatando que la maternidad provoca una reducción duradera en la materia gris que sirve para mejorar la capacidad para proteger al bebé y la empatía con su hijo, haciendo a las mujeres más inteligentes. Es evidente que los cambios físicos se aprecian a simple vista, pero para apreciar los cambios cerebrales, Elseline, junto a compañeros investigadores, comparó imágenes de resonancias magnéticas (RM) de embarazadas antes y después del parto, además de las parejas hombres de ellas y de un grupo control de mujeres que nunca habían estado embarazadas y de las parejas de estas mujeres, concluyendo que se muestra una reducción en determinadas zonas de la corteza cerebral de las mujeres que viven su primer embarazo, zonas que se vinculan con las relaciones sociales; además de constatar que estos cambios son duraderos (hasta dos años tras el parto). Así, la maternidad y sus cambios en el cerebro se representan como una ventaja adaptativa especialmente relacionada con la capacidad de leer y responder a las emociones de los recién nacidos.

Para concluir, Robert Whitley, visibilizó una violencia a menudo silenciosa o silenciada: el suicidio masculino. Consideraba que nada muestra mejor la fragilidad masculina que el riesgo de suicidio, más aún cuando presuntamente vivimos en un mundo dominado por hombres. Nada mejor para comprender la trascendencia de este problema social que mirar en la Unión Europea, donde se registran anualmente 58000 muertes por suicidio, de los cuales 43000 son hombres, siendo la franja predominante entre los 40 y los 60 años, además de existir subgrupos más afectados como los homosexuales. Entre las diferentes causas/factores que aumentan el riesgo de suicidio en los hombres, Whitley subrayó:

  • El divorcio y la separación (desde los años 60 se ha duplicado):
    • Pérdida de apoyo social y familiar.
    • Vergüenza y estigma social.
    • Decisiones judiciales favorables a las mujeres: custodia exclusiva de los hijos, pérdida del domicilio familiar, cargas económicas.
  • Los problemas laborales: validación social del hombre a través de sus puesto de trabajo y de su empleo.
  • La “demonización de los hombres”, factor cultural que les condiciona socialmente, por ejemplo, mayores penas (20-30% más de condena por el mismo delito por ser hombre) o el peso de la “hombría”. Siendo visible esa demonización en algunas representaciones comunes de la cultura popular, pero también en programas políticos y legislativos que culpan directamente a los hombres por los desórdenes de ansiedad y depresión femeninos. Como también, la administración de justicia, así como los medios de comunicación y las universidades tienen mayor consideración con las mujeres que con los hombres, presentándolas en sociedad como frágiles y vulnerables; por ejemplo, si una mujer asesina a su hijo, socialmente se la presentará como una madre con una enfermedad mental justificando sus actos, pero si es padre el que asesina a sus hijos, ante la sociedad será un monstruo.

Whitley concluyó diciendo que el suicidio masculino es toda una epidemia silenciosa que debería obligarnos a todos a pensar de forma diferente al respecto, de forma que se desarrollen soluciones y mecanismos de prevención adaptados a las necesidades específicas del hombre, todo orientado a mejorar la sensibilización y el tratamiento del problema en cuestión. Además resaltó un factor importante a tener en cuenta y es que los hombres no suelen pedir ayuda, no acuden al psicólogo y no hablan de lo que está ocurriendo en sus vidas con una persona desconocida. También remarcó que actualmente solo 13 países de la UE tienes programas de prevención del suicidio, cuando estamos ante una grave cuestión social.

Para finalizar, hubo un breve ruego de preguntas en el que Antonia Carrasco, presidenta de la asociación, visibilizó los problemas que se están dando en España en relación a la violencia de género y a la ideología de género. 

Desde Euromind nos informaron que se publicará el video del evento (con subtítulos) más adelante. Mientras tanto, podéis leer en su web la crónica que hicieron y también el artículo de la periodista Cristina Seguí que nos acompañó al evento.

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