Perspectiva de género: ¿sirven los gestos para condenar?

Hace cosa de un par de meses el Tribunal Supremo publicó la Sentencia 2182/2018, en la que da a entender que las mujeres denunciantes de violencia de género deberían tener un trato especial a la hora de valorar su testimonio en el juicio. Entre otros, está la posibilidad de considerar los gestos de la mujer en la evaluación de su testimonio. Y es entonces cuando debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿puede determinarse la veracidad o falsedad de un testimonio a partir de los componentes no verbales del mismo?

Lo que dice la Sentencia 2012/2018

La parte de interés de la Sentencia se encuentra en la página 11 de la misma. La justificación para este trato especial en la valoración del testimonio de las mujeres víctimas de violencia de género es el siguiente (negritas originales):

Ello, sin embargo, no quiere decir que la credibilidad de las víctimas sea distinta del resto de los testigos […], y otorgar una especie de presunción de veracidad siempre y en cualquier caso, pero sí puede apreciarse y observarse por el Tribunal con mayor precisión la forma de narrar el acaecimiento de un hecho por haberlo vivido en primera persona y ser sujeto pasivo del delito […] se trata de llevar a cabo la valoración de la declaración de la víctima, sujeto pasivo de un delito, en una posición cualificada como testigo que no solo “ha visto” un hecho, sino que “lo ha sufrido”

O dicho con otras palabras: la forma de narrar los hechos de una víctima es especial y diferente de la de alguien que no lo es (ej: un testigo ocular de los hechos o una denunciante mentirosa).

Y ello conlleva lo siguiente:

se prestará especial atención en la forma de cómo cuenta la experiencia vivida, sus gestos, […] el Tribunal valorará su declaración a la hora de percibir cómo cuenta el suceso vivido en primera persona, sus gestos, sus respuestas y su firmeza a la hora de atender el interrogatorio en el plenario con respecto a su posición como un testigo cualificado que es, al mismo tiempo, la víctima del delito.

Efectivamente, si consideras que la forma de narrar un hecho es diferente en función de si lo has vivido o no, entonces dichas diferencias pueden ser percibidas y utilizadas para determinar la veracidad o falsedad de un testimonio.

Pero esto no es lo único que dice la Sentencia:

sobre todo, tener en cuenta si puede existir algún tipo de enemistad en su declaración. En este último punto debe tenerse muy presente que la circunstancia de que entre autor del delito y víctima haya existido algún tipo de enfrentamiento, o haber sido la víctima sujeto pasivo de otros hechos delictivos precedentes, ello no debe conllevar que se dude de su veracidad, ya que la circunstancia de que existan estos antecedentes no deben disminuir su credibilidad

Además, al parecer no debe tenerse en cuenta que pudiera haber una situación de enfrentamiento entre los miembros de la pareja a la hora de valorar la credibilidad del testimonio porque… bueno… porque… porque patata. No da ninguna razón por la cual no deba hacerse.

Y finalmente, también añade la Sentencia:

Tampoco será un elemento negativo hacia la víctima la circunstancia de que tarde en denunciar en hechos de violencia de género, dadas las especiales circunstancias que rodean a estos casos en los que las víctimas pueden tardar en tomar la decisión en denunciar por tratarse el denunciado de su pareja, o ex pareja, lo que es un dato que puede incidir en esas dudas de las víctimas que están sometidas a esa especial posición psicológica en la que quien les ha agredido es su propia pareja, algo, realmente, que nunca pudieron esperar cuando iniciaron su relación

No importa lo que tarda en denunciar. Si tarda mucho es porque probablemente sea una víctima. Si tarda poco también.

Comentarios a la Sentencia

¿Hay que tener en cuenta los enfrentamientos u otros hechos delictivos previos?

En la Sentencia del Tribunal Supremo, como hemos visto, se afirma que no deben valorarse pero no dan ninguna razón para ello. Sin embargo, sí que podemos encontrar más de una razón para que se haga.

En mi artículo en el que comenté a fondo la declaración de la víctima como única prueba de cargo, podemos encontrar tres criterios que se utilizan para valorar el testimonio de la denunciante:

  • Falta de incredibilidad subjetiva derivada de un constatado móvil espurio: resentimiento, enemistad, etc.
  • Verosimilitud proporcionada por corroboraciones objetivas periféricas.
  • Persistencia en la incriminación: prolongada en el tiempo, plural y sin ambigüedades ni contradicciones.

La afirmación de la Sentencia entra en conflicto con el primero de los puntos. La existencia de una situación conflictiva en la pareja (ej: divorcio, disputa por la custodia) puede derivar en que la mujer denuncie falsamente a su pareja con el objetivo de conseguir ventajas procesales o como método de venganza, movida por su resentimiento.

Así pues, si se evita que el juzgador pueda valorar circunstancias que pueden suponer un posible móvil espurio, se están limitando las herramientas que un hombre denunciado puede utilizar para desvirtuar el testimonio que le incrimina, vulnerando su derecho a la defensa.

Otro motivo para examinar las circunstancias previas en caso de enfrentamientos en la pareja es porque, en caso de que dichos enfrentamientos existan, no se puede hablar de sumisión, sometimiento, miedo, etc. Muchos jueces así lo entienden, como ya mostré en mi artículo sobre la necesidad de demostrar el ánimo machista en los casos de violencia de género (específicamente, el ejemplo de la STS 681/2008).

En este caso, se está evitando que el juez pudiera valorar unas circunstancias que acreditaran la ausencia de una situación de poder del hombre hacia la mujer y, por tanto, de violencia de género.

¿Hay que tener en cuenta la tardanza en denunciar?

Pues depende de la tardanza de la que estemos hablando y si hay circunstancias que la justifiquen. Una tardanza de semanas o meses puede ser comprensible, pero puede resultar sospechoso denunciar después de años o incluso décadas. Este es uno de esos casos en los que resulta complicado crear una regla universal.

Por ejemplo, vamos a ver la reciente Sentencia condenatoria de Juana Rivas(Sentencia 257/2018 del Juzgado de lo Penal nº 1 de Granada). En ella podemos encontrar:

[Juana Rivas] No explicó ni se comprende que si fue maltratada en Italia entre 2012 y 2016, al nivel que ella dijo, de tortura y terror, no denunciara allí al momento en que se producía cada uno de los varios episodios que tuvieron lugar, según ella, tratándose de un país con una legislación y cultura de rechazo a estas conductas, similar a la nuestra. Si hubiera residido en otro país con una cultura de las que manifiestamente no combaten el maltrato, sería comprensible que no hubiera denuncia e incluso podría tener sentido haber callado los hechos hasta en su círculo más íntimo. Pero no es el caso de Italia. Y ni en este país, ni en España inicia actuación alguna en respuesta a esos supuestos episodios, ni siquiera aporta dato alguno indiciario de haber tenido lugar alguno de ellos, a nivel incluso de haberlo contado a familiares o allegados.

Si aceptamos la tesis de la Sentencia del Tribunal Supremo que estamos comentando, un párrafo como este no sería posible.

¿Hay que tener en cuenta los gestos?

Veamos primero qué es lo que dice al respecto la jurisprudencia relevante. El Tribunal Constitucional, en su Sentencia 217/1989 dijo (negritas mías):

por lo que se refiere al alcance incriminador de las declaraciones prestadas por los acusados tanto en las diligencias policiales y sumariales como en el acto del juicio oral, es indudable, conforme a la doctrina constitucional anteriormente mencionada, que es consustancial a los principios de oralidad, inmediación y libre valoración de la prueba el examinar gestos de los intervinientes en la misma, tales como los de turbación o sorpresa, a través de los cuales pueda el Juez o Tribunal de instancia fundar su íntima convicción acerca de la veracidad o mendacidad de la declaración de los intervinientes en la prueba

Y nunca más volvió a decir nada más al respecto. Casi veinte años más tarde, el Tribunal Supremo sienta jurisprudencia en sus Sentencias 6995/2006 y 8207/2007. En la Sentencia de 2006 podemos leer:

Sus comportamientos o movimientos corporales externos no pueden elevarse a la categoría de signos inequívocos de credibilidad o falsedad en el testimonio. La prueba no puede depender de la actitud, serena, fría, calculadora o agitada, del testigo de cargo.

La credibilidad no puede basarse en una concepción anticuada, mítica y casi mágica que atribuye a los jueces una capacidad intuitiva y cognoscitiva de las hábitos externos, tonos de voces, fenotipos y emociones, expresadas corporalmente, que nada tienen que ver con el contenido de las pruebas y que no pueden ser usadas como elemento desfavorable e inculpatorio. Un sistema democrático no puede admitir que un ciudadano que entra como acusado en la Sala de juicios salga condenado por gestos, reacciones capilares o movimientos corporales realizados durante su declaración. Tampoco esta técnica es válida para detectar la credibilidad de los testigos. En consecuencia, el mito de la inmediación debe ceder ante la tutela judicial efectiva que sólo es posible mediante la racional, metódica y analítica disección de las pruebas interrelacionándolas de forma lógica y llegando a una conclusión que esté por encima de la duda razonable.

La Sentencia 6995/2006 nos deja un ejemplo de ambigüedad en el testimonio:

la reiteración mimética en los testimonios inculpatorios no es un signo de credibilidad, sino que puede ser todo lo contrario. La persona decidida a imputar un hecho delictivo a otra, cuanto más falsa sea la acusación, mas cuidado tendrá en mantener una versión uniforme que no se vea alterada por circunstancias tan naturales como el transcurso del tiempo y su influencia sobre la percepción, cada vez más lejana, de los hechos

Está claro que hay jueces que consideran que evaluar los gestos y otros componentes no verbales es un error y que no pueden utilizarse para determinar la veracidad o falsedad de un testimonio debido a que no pueden extraerse conclusiones consistentes de los mismos.

Es aquí donde sale a relucir una consecuencia necesaria que resulta de defender la postura contraria. Si seguimos el razonamiento de la Sentencia 2012/2018 del Tribunal Supremo y asumimos que las formas y gestos del testimonio de una víctima son diferentes de otra persona que no lo es, de aquí se sigue necesariamente que debe existir una lista de componentes no verbales cuya presencia o ausencia ayude a determinar la veracidad o falsedad de un testimonio. Por supuesto, la Sentencia no dice nada acerca de qué elementos concretos son de utilidad. No obstante, si la hipótesis es cierta, dicha lista debe poder existir.

Entonces, formulemos la pregunta: ¿es posible saber si alguien miente o dice la verdad a partir del lenguaje no verbal? Si es que sí: ¿qué elementos son los que delatan o respaldan el testimonio?

¿Es posible saber si alguien miente o dice la verdad a partir del lenguaje no verbal?

Para ello voy a citar el meta-análisis que realizó Jaume Masip, psicólogo español, en 2005 [1], este otro meta-análisis de 2007 [2] y este otro estudio de 2013 [3], que es bastante extenso.

¿Somos capaces de detectar mentiras?

Vamos a empezar por el trabajo de Jaume Masip [1]. Antes de zambullirnos directamente en los indicadores no verbales, vamos a explorar cómo de buenos somos detectando mentiras en general. Así pues, ¿cuál es el grado de acierto de las personas detectando si una declaración es verdadera o falsa? (negritas mías):

Examinando un total de 193 muestras distintas de receptores, con una cantidad total de 14.379 observadores, han hallado una precisión media del 54.5%. En otro trabajo más amplio (incluye un total de 349 muestras de receptores, con 22.282 sujetos que evaluaron la credibilidad de los mensajes de 3864 emisores), Bond y DePaulo (en prensa) hallaron una precisión media del 53.4%. Si bien ésta es significativamente superior al 50% esperado por azar, en términos absolutos es una precisión extremadamente pobre. Significa que de cada 100 mensajes hay 47 que se juzgan erróneamente. Es decir, tenemos casi la misma probabilidad de acertar nuestros juicios que de fallarlos. La precisión de los detectores humanos al hacer juicios de credibilidad sobre la base de la observación del comportamiento es, pese a lo que dice la sabiduría popular, extremadamente limitada. De hecho, de las diversas aproximaciones a la detección del engaño, la no-verbal es la que arroja unos niveles de precisión más bajos.

Pero claro, podemos pensar que los jueces y otros agentes relacionados con el proceso judicial son profesionales dedicados a detectar engaños y que su capacidad de detección de la mentira será superior al promedio del general de la población… ¿o no? (negritas mías):

Esta limitación se extiende asimismo a aquellos profesionales para los cuales detectar mentiras es importante […] Aamodt y Mitchell (en prensa) informan de niveles del 50.8% para las muestras de detectives, del 54.5% para policías federales norteamericanos, del 55.3% para policías y para agentes de aduanas, del 59.0% para jueces y del 61.6% para las cuatro muestras de psicólogos incluidas en su meta-análisis. Bond y DePaulo (en prensa) utilizan contrastes estadísticos para comparar la precisión de “expertos” (personal de los cuerpos de seguridad, jueces, psiquiatras, auditores…) y “no-expertos”. Ni en las comparaciones intraestudio (al considerar conjuntamente todos los experimentos en que se había hecho esta comparación) ni en las comparaciones interestudio (comparación del nivel de precisión en experimentos en que los observadores habían sido “expertos” con experimentos en que éstos habían sido “no-expertos”) las diferencias resultan significativas. En las comparaciones interestudio los niveles de precisión hallados han sido 52.9% para los “expertos” y 56.9% para los “no-expertos”. En definitiva, los profesionales familiarizados con el engaño no son mejores detectores que los observadores legos.

Pues parece que la cosa no mejora mucho. Pero esto no era exactamente lo que estábamos buscando. Estos porcentajes se refieren al acierto de verdades o mentiras (o sea, a identificar verdades como verdades y mentiras como mentiras). Lo que estábamos buscando era, dada una mentira, la probabilidad de acertar que es una mentira (negritas mías):

La investigación muestra que las personas identificamos con mayor facilidad verdades que mentiras (Levine, Park y McCornack, 1999). Esto es así porque presentamos una tendencia a considerar que los demás dicen la verdad, lo cual incrementa nuestra precisión al juzgar verdades y la reduce al juzgar las mentiras (Levine et al., 1999; Masip et al., 2002b). Así, por ejemplo, en el meta-análisis de Bond y DePaulo (en prensa) se halló que el porcentaje medio de juicios de verdad fue del 55.0%, significativamente superior al 50% esperado por azar. Esto hizo que la precisión al juzgar declaraciones verdaderas se situara en el 60.3%, sensiblemente por encima de la precisión al juzgar declaraciones falsas, que alcanzó tan sólo la tasa del 48.7%.
[…]
En cualquier caso, la tendencia a juzgar las declaraciones como verdaderas parece ser menor entre aquellos profesionales para quienes la detección de la mentira es más relevante que en otras personas (Bond y DePaulo, en prensa). Se ha llegado incluso a afirmar, sobre la base de los resultados empíricos, que en realidad tales profesionales presentan un sesgo opuesto que les lleva a considerar que las declaraciones son falsas (Meissner y Kassin, 2002), y que presentan una tendencia generalizada a cuestionar la veracidad de las comunicaciones emitidas por los demás (Masip, Alonso, Garrido y Antón, 2005).

Pues vamos de mal en peor. Ahora resulta que al considerar sólo las mentiras, hay un poco más del 50% de probabilidad de ser tomadas como verdad. Pero parece que entre los profesionales de la detección del engaño, este sesgo no existe y que incluso se invierte.

¿Somos conscientes de nuestra capacidad para detectar la veracidad o falsedad de una declaración?

DePaulo, Charlton, Cooper, Lindsay y Muhlenbruck (1997) hicieron un meta-análisis de la investigación sobre la confianza al hacer juicios de veracidad. […] En definitiva, las personas no tenemos conciencia de lo correctos o incorrectos que son nuestros juicios de credibilidad.

Blanco y en botella.

¿Hay algún indicador fiable no verbal de la mentira?

Desgraciadamente, la mayor parte de los mejores indicadores para detectar una mentira son verbales (negritas mías):

Con el fin de aislar los indicadores más válidos del engaño, DePaulo et al. (2003) se centraron en aquellos basados en un número de comparaciones superior a cinco y con un tamaño del efecto igual o superior a 0.20 en valores absolutos. Sólo hallaron 12 de tales indicadores, la mayoría de naturaleza verbal. La clave más discriminativa (d = -0.55) parece ser la inmediaticidad verbal y vocal. Esto significa que al mentir las personas responden de manera menos directa, relevante y clara que al decir la verdad, y que además lo hacen de forma evasiva e impersonal (DePaulo et al., 2003). Además, en comparación con las comunicaciones de quienes dicen la verdad, las comunicaciones de los mentirosos parecerán más ambivalentes y discrepantes (por ej., habrá falta de concordancia entre lo expresado a través de unos canales y otros) (d = 0.34). Asimismo, las mentiras tendrán menos detalles (d = -0.30), una estructura menos lógica (d = -0.25) y un menor engranaje contextual (d = -0.21) que las verdades. Éstos son tres criterios verbales del Análisis de Contenido Basado en Criterios o CBCA7 (Garrido y Masip, 2000, 2004; Masip, Garrido y Herrero, 2003; Vrij, 2005). Las narraciones falsas también parecerán menos plausibles (d = -0.23) y contendrán más afirmaciones negativas y quejas (d = 0.21) que las verdaderas. El narrador parecerá inseguro y vacilante en su voz y en sus palabras (d = 0.30), dará la impresión de estar más nervioso o tenso (d = 0.27), su voz también sonará tensa (d = 0.26) y de hecho su tono fundamental (frecuencia de la voz) será más agudo (d = 0.21). Además, la implicación personal del narrador a nivel verbal y no-verbal será menor en declaraciones falsas que en declaraciones verdaderas (d = -0.21).

Para complicar más el asunto, hay determinados indicadores que cambian según las circunstancias. Por ejemplo, el tiempo que se tarda en responder. El tiempo que se tarda en responder una pregunta será mayor si el mentiroso no ha tenido tiempo de prepararse una historia comparado con decir la verdad, pero será menor en el caso de que la mentira esté preparada.

Conclusiones de Jaume Masip

Es importante que el lector tenga en cuenta que la mayor parte de los hallazgos descritos en el presente trabajo proviene de estudios meta-analíticos muy abarcadores, por lo que las muestras son extremadamente amplias y heterogéneas (y, por ende, representativas), y los resultados reflejan fielmente los hallazgos globales de virtualmente toda la investigación realizada. […]. Así, se concluye lo siguiente:
(a) la capacidad del ser humano para discriminar entre verdades y mentiras es extremadamente limitada; esto es así incluso en grupos profesionales para quienes la detección del engaño es una tarea importante en su trabajo;
(b) las personas no tenemos conciencia de lo correctos o incorrectos que son nuestros juicios de credibilidad;
(c) tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de identificar verdades y mentiras;
(d) utilizamos claves equivocadas al hacer juicios de credibilidad;
(e) las creencias populares sobre los indicadores del engaño son erróneas;
(f) las creencias de los profesionales para quienes la detección del engaño es una tarea importante son también erróneas y similares a las de las otras personas;
(g) no se ha demostrado que los indicadores conductuales que se mencionan en la mayoría de los libros “de autoayuda” permitan una adecuada discriminación entre verdades y mentiras;
(h) existen muy pocas conductas que realmente permitan diferenciar entre verdades y mentiras;
(i) al contrario de lo que se da a entender en muchos libros “de autoayuda” y de lo que sostiene la sabiduría popular, el significado y el poder de discriminación de las claves conductuales dependen de una serie de variables situacionales;
(j) también al contrario de lo que afirman determinados libros dirigidos al gran público, aprender a discriminar entre verdades y mentiras es extremadamente difícil, como muestra la limitada eficacia de distintos programas de entrenamiento;
(k) en lugar de incrementar la precisión global, los entrenamientos al uso aumentan el sesgo a decir que las declaraciones son falsas.

El análisis de Jaume Masip es más amplio y toca otros temas como creencias populares, la posibilidad de entrenarse en la detección de mentiras y la credibilidad de los libros de autoayuda. Os invito a que lo leáis entero (enlace al pie del artículo).

¿Pero seguro que el gesto X no sirve para detectar mentiras?

Ciertamente, el artículo de Jaume no entra comentar indicadores no verbales específicos, ya que se queda con los indicadores más significativos (ya sean verbales o no) y luego menciona algunos indicadores no verbales circunstanciales. El propio trabajo de Jaume advierte que las creencias populares sobre los indicadores de mentira son falsas, así que muy probablemente eso que estás pensando que crees que te sirve para detectar mentirosos no funciona. De todas formas, no está de más mostrar material específico sobre indicadores no verbales en la detección de mentiras. Téngase en cuenta que, en estos estudios, se graba a los sujetos del estudio y luego se analiza el vídeo para tomar nota de sus indicadores no verbales. De otra forma, sería imposible realizar mediciones como contar el número de parpadeos o las veces que se rascan.

Veamos el estudio de Rebecca van Beek (2013) [3]. En el estudio llaman “carga cognitiva” a una serie de restricciones que imponían a los mentirosos a la hora de mentir. Se compararon tres grupos, los que decían la verdad, los que mentían y los que mentían con restricciones (con “carga cognitiva”). Cito las conclusiones directamente:

H1: Cognitive load positively moderates the effect of lying on cues to deception. Overall this hypothesis is not confirmed […]
H2: Liars show more signs of self-manipulation than truth tellers. This hypothesis is disconfirmed. There is no difference between liars and truth tellers in showing of self-manipulation, which means touching the own body, body movements, and posture shifts.[…]
H3: Liars will behave less nervous. H4: Liars make less movements with hands and fingers. H5: Liars use more illustrative gestures and less non-illustrative gestures than truth tellers. These hypotheses are not supported. There was no difference between liars and truth tellers in showing of nervousness, movements with hands and fingers, and gestures.[…]
H6: Liars shrug their shoulder (one or both sides) more than truth tellers. This hypothesis is partly confirmed. At study 1 liars without cognitive load show shrug their shoulder symmetrically more truth tellers. This effect is higher for women than for men. However there is no difference between telling the truth or lying with cognitive load.[…]
H7: Liars nod more than truth tellers, while there is no difference between them in the amount of headshakes. H8: Liars raise their chin more and are more gaze aversive than truth tellers. These hypotheses are disconfirmed. There is no difference between liars and truth tellers in nodding, raising the chin, and gaze aversion. There also is no difference in the amount of headshakes which partly confirms hypothesis 7.[…]
H9: Liars press their lips and swallow more than truth tellers, and liars smile less than truth tellers. This hypothesis is not confirmed. Liars do not press their lips or swallow more. Nor smile liars less than truth tellers. Overall are the cues of the lips not significantly different between liars and truth tellers. However liars bite their lips less than truth tellers.[…]
All in all, this study shows many cues of deceptions are not really, or at least not all the time, a cue to deception. Therefore, even by taking close look to the nonverbal behaviour, no one is sure that somebody is lying.

Traducción (negritas mías):

H1: La carga cognitiva modera positivamente el efecto de mentir en los indicadores de engaño. En general esta hipótesis no está confirmada […]
H2: Los mentirosos muestran más signos de movimientos corporales que los que dicen la verdad. Está hipótesis está refutada. No hay diferencia entre mentirosos y honestos en los indicadores de movimientos corporales, que incluyen tocar el propio cuerpo, movimientos corporales y cambios de postura.[…]
H3: Los mentirosos se comportan de manera menos nerviosa. H4: Los mentirosos realizan menos movimientos con las manos y dedos. H5: Los mentirosos utilizan más gestos ilustrativos y menos gestos no ilustrativos que los honestos. Estas hipótesis no están confirmadas. No hay diferencia entre mentirosos y honestos cuando muestran nerviosismo, movimientos con las manos y dedos y gestos.[…]
H6: Los mentirosos encogen sus hombros (un lado o ambos lados) más que los honestos. Esta hipótesis está confirmada parcialmente. En el estudio 1, los mentirosos sin carga cognitiva encogen sus hombros de manera más simétrica que los que dicen la verdad. El efecto es mayor en hombres que en mujeres. Sin embargo, no hay diferencia en el encogimiento de hombros entre decir la verdad o mentir con carga cognitiva. […]
H7: Los mentirosos asienten más que los honestos, mientras que no hay ninguna diferencia entre ellos en la cantidad de negaciones con la cabeza. H8: Los mentirosos elevan su barbilla más y evitan más las miradas que los honestos. Estas hipótesis están refutadas. No hay diferencia entre mentirosos y honestos en asentimientos, elevación de la barbilla y evitación de la mirada. Tampoco hay diferencia en las negaciones con la cabeza, lo que confirma parcialmente la hipótesis 7.[…]
H9: Los mentirosos aprietan los labios y tragan saliva más que los que dicen la verdad, y los mentirosos sonríen menos que los honestos. Esta hipótesis no está confirmada. Los mentirosos no aprietan sus labios o tragan saliva más. Tampoco sonríen menos que los honestos. En general, los indicadores labiales no son significativamente diferentes entre mentirosos y honestos. Sin embargo, los mentirosos se muerden los labios menos que los honestos.[…]
Considerándolo todo, este estudio muestra que muchos de los indicadores de engaños no son realmente, o al menos no todo el tiempo, indicadores de engaño. Así pues, incluso realizando un análisis minucioso del comportamiento no verbal, nadie está seguro de si alguien está mintiendo.

Los dos indicadores no verbales que han resultado significativos son el encogimiento de hombros simétrico y el morderse los labios. Del primero, es circunstancial (sólo se dio cuando no había carga cognitiva) y no sé hasta qué punto puedes ponerte a ponderar lo simétrico que es un encogimiento de hombros mientras escuchas a otra persona (eso, si encoge los hombros, claro). Del segundo (morderse menos los labios), puede ser difícil de detectar en una entrevista cara a cara. Además el estudio recomienda estudiar más a fondo lo de morderse los labios.

Vamos ahora a mirar este otro meta-análisis (S. Sporer, B. Schwandt, 2007) [2]:

Overall analyses weighted by sample size indicated that out of 12 behaviors investigated, only 3 were reliably associated with deception: Nodding (r .091), hand movements (r .186), and foot and leg movements (r .067) were negatively associated with deception. […] The effect sizes of these behaviors, however, were small except for hand and finger movements, which were small to medium.

Traducción:

Análisis globales ponderados por tamaño de la muestra indican que de los 12 comportamientos investigados, sólo 3 han sido asociados confiablemente con el engaño: Asentir (r .091), mover las manos (r .186), y mover el pie y la pierna (r. 067) fueron asociados negativamente con la mentira. […] El tamaño de los efectos de estos comportamientos, sin embargo, fueron pequeños excepto por el movimiento de manos y dedos, que fue de pequeño a medio.

Los otros comportamientos estudiados fueron parpadeos, contacto visual, evitación del contacto visual, movimientos de cabeza, sonrisas, adaptors (que definen como tocarse partes del cuerpo, rascarse), illustrators (frecuencia en los movimientos de las manos que acompañan a lo que se está diciendo) y cambios de postura (suman 11, es un error del texto del estudio que ponen 12).

Para que no haya dudas, lo que dice en la cita es que los mentirosos asienten menos y mueven menos los pies, piernas y manos que los que dicen la verdad. Hay otros indicadores que muestran alguna significancia, pero sólo en determinadas circunstancias (ej: los adaptors). El problema es que todos estos efectos son pequeños y es poco práctico pedirle a alguien que esté atento a ellos y a las circunstancias en los que éstos aparecen, cuando sea aplicable.

Conclusión

Podemos observar, tras los trabajos presentados, que resulta difícil establecer uno o más indicadores no verbales consistentes de la mentira. En cada trabajo encuentran unos distintos, tienen efectos bajos, generalmente son circunstanciales y pueden ser difíciles de apreciar en la práctica (esto es, en una declaración cara a cara). Y como nos recuerdan en el último meta-análisis presentado [3]:

The comparison between beliefs and actual indicators of deception makes it very clear that lay people and professionals alike assume much stronger associations between certain behaviors and deception than have been found in the studies reviewed. […] Across these studies, it is quite striking that irrespective of their professions, people assume the existence of much stronger cues to deception than are found in empirical studies.

Traducción:

La comparación entre creencias e indicadores reales de engaño deja bien claro que tanto la gente corriente como los profesionales asumen asociaciones más fuertes entre ciertos comportamientos y el engaño que los que se encuentran en los estudios revisados. […] A lo largo de estos estudios, es bastante sorprendente que, independientemente de su profesión, la gente asume la existencia de indicadores mucho más fuertes de engaño que los que se encuentran en los estudios empíricos.

Esto es lo mismo que nos encontrábamos en el meta-análisis de Jaume. Los autores pasan a realizar un repaso de las creencias populares acerca de indicadores del engaño señalando las muchas diferencias con los estudios analizados. Así, finalmente deben concluir:

Consequently, practitioners need to be taught that nonverbal behaviors in general are not reliable cues to deception, despite beliefs to the contrary.

Traducción:

En consecuencia, los facultativos necesitan aprender que los comportamientos no verbales no son, en general, indicadores fiables de engaño, a pesar de las creencias que dicen lo contrario.

Centrándonos en la Sentencia que encabeza el artículo, lo que ocurre es que el juez considera que la denunciante es víctima antes del juicio. Afirmar que una persona es víctima es asumir implícitamente que existe un agresor (porque la víctima tiene que ser víctima de algo). Y claro, no vas a dudar de la palabra de una persona que consideras víctima. A partir de esta premisa, resulta lógico que el juez considere inválido cualquier criterio que pueda utilizarse para desvirtuar el testimonio de la que él considera la víctima. Es por eso que el juez desecha categóricamente un criterio sin dar razón ninguna en un caso (el de la presencia de conflictos o enfrentamientos con el denunciado), dando razones vagas en otro (el del tiempo transcurrido hasta la denuncia) y en el último caso utiliza un método arbitrario (la valoración gestual)  para justificar su creencia en el testimonio, aunque dichos métodos, como hemos visto, carezcan de fiabilidad.

Bibliografía

1. ¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo? Sabiduría popular frente a conocimiento científico sobre la detección no-verbal del engaño, Jaume Masip, 2005
http://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1248.pdf

2. Moderators of Nonverbal Indicators of Deception: A Meta-Analytic Synthesis, S. Sporer, B. Schwandt, 2007
https://www.researchgate.net/publication/232579068_Moderators_of_nonverbal_Indicators_of_deception_A_meta-analytic_synthesis

3. Nonverbal Cues to Deception: The Effects of Cognitive Load and Repetition on Cues to Deception, van Beek, 2013
http://arno.uvt.nl/show.cgi?fid=131114

One thought on “Perspectiva de género: ¿sirven los gestos para condenar?

  1. oscar

    yo tengo trastorno obsesivo compulsivo , y cuando cuento algo nervioso , mi verborrea se acelera y no puedo parar, mi abogado me decía q contestara si o no, pero por mi patología es prácticamente imposible. me condenado con la sola declaración de mi mujer. y estos estudios los hacen con universitarios, q como mucho les preguntan si fuman porros y no es lo mismo estar jugándote la cárcel , niños , vivienda y la reputación.

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