“Podéis criticar nuestra ley, pero no nuestra ideología”

Percibo estos días un cierto cambio de discurso en defensa de las políticas de género, parece que posturas como castigar con la misma pena el maltrato cometido por hombre o mujer, que hace tan solo 4 años despertaban los más furibundos ataques, ahora son ideas dignas de debate a tener en cuenta.
No es que repentinamente el discurso feminista esté abogando por una igualdad real, ni mucho menos, pero parece que está dispuesto a ceder en determinados puntos… eso sí, con una condición: que no toquemos su ideología.

Hoy he tenido el gusto de leer el artículo Violencia de género: no desnudar a un santo para vestir a otro, de Cruz Sánchez de Lara, abogada especialista en violencia de género.


Lo primero que hace el artículo es dejarnos claro qué clase de puntos no se tocan; resulta curioso que desde un movimiento social caracterizado por cuestionar y remover los cimientos culturales de toda civilización habida y por haber, el principal argumento que ahora nos lanzan para que aceptemos su realidad es el de “el gran consenso”.
Al parecer, si grandes instituciones internacionales dicen que la realidad es como ellas lo describen, es que así debe ser y, por tanto, no podemos discutir ni argumentar nada diferente, y es que ¿quién necesita argumentos cuando puedes tener autoridad?
El argumento de autoridad ya es una falacia de por sí, pero cuando además usas esta autoridad para defender el supuesto consenso internacional en torno a una ley que solo existe en nuestro país, ya no es solo una falacia; es una falacia dentro de otra falacia, una metafalacia, un Inception de la mentira.

Y tras esta declaración de principios, pasamos a definir el argumentario del rival:


Como esto no es un debate sino una exposición, eres libre de escribir el discurso de los demás, así puedes ser tú quien decida a qué enfrentarte, dictaminar cuales son las principales preocupaciones de los demás y, de hecho, obviar el principal de todos los argumentos: la simple y llana igualdad, el deseo de que a mujeres y hombres se nos trate con el mismo respeto y dignidad.

Así pues, vamos allá con los argumentos que tú misma has dictaminado como principales de quienes no comparten tu ideología:


Al parecer la LIVG (a saber de dónde ha sacado ese “Urgentes” en el nombre de la Ley) no se refiere en ningún punto a que los denunciados tengan que ser detenidos; sin embargo poco importa el hecho de que sean detenidos o no, lo que importa es que no toquen la ley.
¿Es posible entonces que estén mal utilizando esta ley para aplicar un protocolo de detenciones que va en contra del espíritu de la misma? Parece que da igual, ni tú ni ninguna feminista va a ayudar a denunciar el problema, no parece importar que se haga uso abusivo de vuestra ley, lo que importa es que no se critique.
Podríais hacer frente común con quienes critican este tipo de detenciones, para que así dejaran de cometerse esas injusticias que, según vuestro propio argumentario, no son propias de la ley que defendéis, pero preferís centrar vuestros esfuerzos en menospreciar a quienes denuncian la injusticia.

Sin embargo todo ese argumento tarda tan solo un párrafo en caer por su propio peso:


Resulta que hay alternativas a esas detenciones, que podrían plantearse… pero que no se va a hacer, porque esas mismas alternativas son las que se hacían antes de la entrada en vigor de la Ley, y fue precisamente en la redacción de la Ley donde hubo que aclarar que había que hacer las cosas como se hacen actualmente.

Creo que nunca comprenderé cómo una persona puede defender que la Ley no dice nada sobre el protocolo de detenciones y al instante siguiente defender que las detenciones se realizan como se realizan porque así se decidió en el momento de redacción de la Ley.

En este punto me gustaría hacer un inciso para clarificar todo lo que hay detrás del tema de las detenciones por violencia de género  (muchas de ellas, ciertamente, al margen de la ley), así que proporcionaré uno de los más completos artículos que conozco sobre el tema, escrito por un magistrado de Violencia sobre la Mujer al que sí parece importarle que las cosas se hagan bien:
La detención en los casos de violencia de género.

Volviendo al tema central, merece la pena detenerse en la frase: “a veces hay que asumir injusticias menores para evitar perversiones mayores”
De alguna manera creo reconfortante que se reconozca la injusticia, aunque solo sea para decirnos que hay que tragársela con papas nos guste o no, creo que es un paso muy positivo frente a la simple negación de siempre.

Ahora toca mencionar algunos estudios misteriosos sin enlace de ningún tipo, algo a lo que la prensa nos tiene demasiado acostumbrados:


Luego inventamos algo más de argumentario disidente:


Me gustaría conocer qué probabilidad hay para un hombre y para una mujer de obtener una orden de protección en caso de amenazas leves, pero dudo mucho que sea parte principal del argumentario crítico con la LIVG el alegar que ante un declarado “riesgo objetivo para su integridad” el hombre no pueda solicitar orden de protección.

Y llegamos por fin al punto de la asimetría penal:


“Si del debate político se entendiera” se podrían equiparar penas.
Bueno, este tema ya fue debate político y vosotras sentenciasteis que eso era poco menos que un crimen de lesa humanidad.
Entiendo que la intención de este párrafo no es otro que exigir a vuestro disidente ideológico que centre sus críticas en algo que no es demasiado molesto, pero que de todas formas vosotras siempre estaréis haciendo todo lo imposible por impedir esa igualdad.

Aprovecho para recordar que no solo “bastaría” con cambiar dos artículos, serían algunos más:

Continuamos con un nuevo hombre de paja sobre el argumentario del disidente:


Calcular que todas las sentencias que no acaban en condena son denuncias falsas es falaz, como también lo es centrar el debate en un 11’7% de los casos y asumir que todos ellos son ciertos.
No digamos ya el mantra del 0’01% de denuncias falsas que, aunque no se mente en este artículo, me veo legitimado para afirmar que esto sí que es un argumento canónico y principal de la ideología feminista.

Una de las claves sobre el hecho de las mujeres que deciden no declarar puede ser la dependencia económica del marido, o puede ser el incentivo de cobrar Renta Activa de Inserción sin la necesidad de pasar por todo un proceso judicial, quién sabe.


Ahora toca hablar de los mecanismos del maltrato en sí mismo:


Efectivamente, el maltrato es un delito muy difícil de probar; se produce en un entorno íntimo y en muchas ocasiones se da una proyección hacia el exterior completamente diferente a la realidad del hogar.
El problema que esto es así en ambas direcciones, y también en casos de denuncia falsa.
Y no nos engañemos, cada caso de denuncia por violencia de género conlleva una historia de maltrato detrás: puede ser de él a ella, de ella e él, o mutuo: una denuncia veraz es un caso de mujer maltratada, una denuncia falsa es un caso de hombre maltratado.

Una realidad del maltrato es que en la mayoría de las ocasiones es tal y como aquí se cuenta:

A menudo la persona maltratada tiene la loca idea de que su pareja no es un asesino machista producto del patriarcado, sino un alcohólico, un desequilibrado, enfermo, o simplemente una persona con circunstancias particulares… y solo quieren salir de esa relación sin tratarlo como a un criminal.

Supongo que habrá que “educar” a estas mujeres a darse cuenta de que la persona a la que han amado toda su vida es un monstruo machista, y que ellas están equivocadas si creen que hay algo más complejo que el simple y puro machismo.


Tal vez, y solo tal vez, como una sugerencia así tonta, podríais escuchar un poco a estas mujeres. A lo mejor cualquiera de estas mujeres conoce mejor cómo funciona lo que han vivido en sus carnes que toda una recua de sociólogos y antropólogos especialistas en género, pero tampoco me hagáis mucho caso.


Como extensión a lo anterior, tal vez sea mejor idea proporcionar la ayuda que ellas mismas os solicitan en lugar de empecinarse en el castigo y más castigo al monstruo machista maltratador.
Pero qué sabré yo.

Ahora vamos con la tipología delictiva:


¿De verdad no os dice nada que más de un tercio de las condenas sean por quebrantamiento de ordenes de alejamiento? ¿no es posible que se estén poniendo órdenes de protección sin demasiado control?

Vamos acabando, toca un buen discurso emocional. Y de paso dejamos bien claro qué cosas se pueden cuestionar y cuáles son incuestionables.


Debajo del agua hay muchas cosas que no se oyen, mucho más de lo que tú quieres ver.

Y el párrafo final, toda una declaración de intenciones:


Debemos “romper la demagogia” e “igualar con los mecanismos necesarios el nivel de protección de todas las personas”… espera, ¿no es este exactamente el discurso de Vox? Vaya…
Solo puede haber un bando (el vuestro, claro), y todos debemos luchar para enfrentar el problema que vosotras decidáis y en los términos que vosotros decidáis. Pero sin demagogia.

Dice también que si queremos que a hombre y mujer se les juzgue igual “luchen para ello”.
En ello estamos, ya sabemos que vosotras no lo haréis, pues eso de la igualdad no es de vuestro agrado, y sabemos que siempre os tendremos en nuestra contra.

 

Fdo: Francisco López, GenMad.

 

 

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