Ser un héroe en España es luchar contra la dictadura de la ideología de género

Todos los especialistas independientes coinciden: en el negocio de la ideología de género se da cita lo peor de la sociedad.

El feminismo ultra está lleno de personas violentas, de extremistas, de psicópatas, de arribistas y hasta de pederastas. Pero en el género militan sobre todo rencorosas, ideólogas ‘radfem’ capaces de recordar incluso aquellos agravios que jamás se produjeron y de intentar condenar a inocentes por ellos dando por hecho que, si eres varón, eres malo. Negándonos de nacimiento la presunción de inocencia y, con ello, cualquier resto de libre albedrío o de posibilidad de mejora. Escribiendo ensayos sobre el género en el Paleolítico para intentar sacarle un dinerito a la desgracia de la violencia.

¿Cómo se han puesto de acuerdo, cómo ha podido toda esta gentualla tan tóxica converger en la misma esquina del ring? Probablemente, porque la industria de género es una vía muy eficaz de ascenso social y económico. En ella, todo está subvencionado. Desde asociaciones con presupuestos multimillonarios hasta el simple caso de una mujer que debe vivir con ingresos muy limitados si es honrada… pero con otros mucho más opulentos si denuncia en falso. En el género o fuera de él, pocas veces encontraremos un activista que luche por su causa con su propio dinero. Casi todos los progres, feministas o no, disparan con pólvora del rey. La solución de la causa mataría la fuente de ingresos del activista y por eso nada se soluciona jamás. Esa es la razón por la que no suelen descender las cifras de asesinadas: poco influye en su evolución el que, junto a un culpable, detengamos a noventa y nueve inocentes o a diez mil.

Gentuza.

Desde el simple abogado que le da a elegir a la señora entre un divorcio civil “o uno penal, instantáneo y más beneficioso para usted” hasta aquel tuercebotas maligno que llegó a delegado del Gobierno para la violencia de género sin exhibir más currículo que un fanatismo de hierro y un extremismo… precisamente violento. Empezando por periodistas que mienten o se hacen pasar por barbies fanáticas en Twitter. Siguiendo por políticos que en privado te hablan de amigos detenidos injustamente pero, en público, avivan la hoguera antihombre. Azuzan el odio en este Salem en el que se ha convertido España desde que, en 2004, se aprobó la Ley de Violencia de Género.

Una hoguera gigantesca que no quema hechiceras, sino brujos. Varones. Representantes electos que proclaman que invierten miles de millones en luchar contra la violencia de género y luego entregan el dinero a asociaciones que no tienen que justificar un céntimo, que no salvan a nadie y que se limitan a fomentar detenciones en masa y a contratar asesoras amigas con salarios de opulencia. Inocente o culpable, qué más da: es un hombre. Ingentes cantidades de dinero que, casi con seguridad, terminan en financiación ilegal de los partidos, aunque nunca podremos probarlo.

Escoria.

Pero no solo eso.
En el otro lado están los cristianos de las catacumbas: mujeres y hombres no afectados por las cacerías de género que luchan contra ellas porque sienten el imperativo categórico de hacer algo por los demás. Ellos pelean a cuerpo limpio y sin el dinero de los feministas, porque carecen de un solo céntimo de subvención. Francisco Serrano Castro, que derrotó al mismísimo Sistema: le quitaron su trabajo, pero luego fue rehabilitado como juez cuando lo previsto era que desapareciera. Su mujer, María José, que aguantó el tipo, tragando lágrimas, en los muy pinos tiempos de las represalias del aparato feminista ultra. Gabriel Araújo, que frenó los cursos de lavado de cerebro LGTBI en un colegio de Madrid para desesperación de una alcaldesa que cree que todos los hombres somos violentos. Que ha ido a los juzgados a dar a los varones procesados y perseguidos un simple abrazo que, en ese momento y en ese lugar, tiene el valor incalculable del calor fraterno. La energía pura y limpia del desinterés. Antonia Carrasco, que un año tras otro dedica todo el tiempo que no tiene desde la asociación Genmad a ayudar a las víctimas de la violencia estatal, sin preguntar cuál es su sexo. Porque el género solo es un negocio organizado por los políticos en su propio beneficio aprovechando los conflictos entre hombres y mujeres y utilizando como munición a los niños.

Héroes son, también, varios comisarios de policía que llevan mucho tiempo deteniendo solo a los hombres sospechosos, no a todos los denunciados. Son ángeles que, cada noche, aligeran en lo que pueden el aquelarre de detenidos de las comisarías. Se están jugando el empleo. Conozco sus nombres, pero constituyen la identidad secreta del superhéroe. Así que fingiré que ignoro quién es Matt Murdock. Y tampoco señalaré a los poquísimos periodistas que están expuestos porque publican una verdad que todo el mundo conoce, pero el poder niega. La España del género es la real, pero no la oficial.

La maldición del género y el habitual liderazgo español en materia de iniquidades nos han permitido encontrar entre nosotros a nuevos Spiderman, a algún que otro Capitán América y también a la Wonder Woman rubia que he citado ahí arriba. Gente que hace cosas por los demás demostrando lo que España siempre fue: un colectivo muy defectuoso en materia de ética que, sin embargo, alumbra individualidades sorprendentes. Auténticas supernovas. Ellas también podrían estar con los malos, pero no.

Oh, capitán, mi capitán.
Va por todos ellos.

Algunos hombres buenos.

Algunos héroes no son ágiles como Daredevil, fuertes como Hulk, ni ricos como Batman. Son bajitos y tienen los pies planos. Pero están ahí, con un par de cojones, frente a un ejército de malos que se están forrando con las subvenciones al negocio de la caza del hombre. Aquí, setenta y nueve de cada cien suicidas son varones… solo por casualidad. No porque los divorcios les arruinen la vida.

Es un honor estar cerca de los tipos que luchan contra este apartheid del feminismo. Sudando con ellos, respirando lo que hacen, intentando que se nos contagie una pequeña parte de la grandeza de su altruismo. Con los psicólogos infantiles Aguilar y Bronchal, que restañan heridas en almas pequeñitas llenas de grietas. Con el letrado Sariego, con la gran Lucía del Prado, que ayuda a los niños de las familias que los políticos han destruido para hacer caja. Con muchísimos de ellos a los que pido disculpas porque la lista es interminable. Qué fácil sería estar en el lado de los malos, que también es el de los ricos. Pero, como dijo el gran William Ernest Henley, “Sometido a los golpes del destino, mi cabeza está ensangrentada, pero erguida”.

Sigue por ahí, porque afuera solamente hay canallas políticamente correctos. Solo así podrás mirar a tu hija a los ojos. Un día, esta pesadilla espantosa terminará y todos los que se han lucrado con ella dirán que no se habían enterado de nada. Igual ocurrió tras la derrota del nazismo, como relata el historiador Götz Aly en su ensayo “La utopía nazi. Cómo Hitler compró a los alemanes”. Un dictador intentando exterminar una raza y su país, casi al completo, mirando hacia otro lado porque tenía el bolsillo bien cubierto. El terrible silencio de la mayoría que denunciaron Einstein, Burke y Martin Luther King. Girar la cabeza es una falta de omisión.

Guardar equidistancia a dos partes cuando una está delinquiendo con dinero del Estado es pura maldad. Si ustedes esperan que los políticos resuelvan este horror, pueden sentarse porque van a pasar décadas. Los institutos están detectando una oleada de denuncias falsas de niñas a niños: es la costumbre aquí. La Ley maligna que convirtió a hombres y mujeres en desiguales, la LIVG, lleva casi catorce años en vigor. Fue aprobada por 349 diputados y el número 350 se abstuvo.

Ahora, Vox acaba de quitarle a la ideología de género los fondos que le permitían implantarse en Andalucía y lo ha hecho gracias a sus doce parlamentarios. El PP y Ciudadanos querían seguir alimentando el monstruo. Ahora, sin dinero, no hay género. Se acaba el negocio y se cierra el chiringuito. Nadie hizo tanto en tan poco tiempo ni con tan pocos representantes. Nadie como este nuevo partido. Ha llegado el momento de que mujeres y hombres de bien, de derechas e izquierdas, entiendan que desactivar el chollo multimillonario y dañino del feminismo radical es la prioridad.

Las etiquetas son cadenas. La ideología solo es un lastre: ocupa en nuestros cerebros el espacio que antes destinábamos a la inteligencia. Necesitamos soluciones, no ideología, y solamente Vox nos ofrece desmontar el gigantesco chanchullo género. Personalmente, no creo en los políticos y llevo más de veinticinco años sin acudir a las urnas. Pero, mientras escribo, estoy oyendo de fondo una melodía. Es como un canto. No es de hombre, ni de mujer. Sí: creo que es de sirena.

One thought on “Ser un héroe en España es luchar contra la dictadura de la ideología de género

  1. Rijhard

    Llena de beneplácito y más aún de esperanza , que pensadores e idealistas con su talento para denunciar las perversidades de leyes izquierdistas , buscando un mundo justo y de felicidad social! Gracias !

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